Relato erótico: Nunca lo sabría

viernes, 30 de septiembre de 2016
Desperté y ya sentí su ausencia. Echaba de menos ese tacto de su pierna sobre la mía, esa sensación de tranquilidad que la postura me transmitía, esa calma, esa confianza...


Estos dos días con ella fueron maravillosos. Me ofreció todo lo que necesitaba: comprensión, ternura, ánimos, y mucho amor, amor del bueno, del que da una amiga a la que se lo has contado todo y a la que le has abierto hasta tu alma.


El problema es que yo le abriría otra cosa y, siendo sincera, creo que ella también. Ninguna daba ese pasito adelante. Podría ser por respeto o, tal vez, por miedo a romper esa armonía casi perfecta que teníamos.


Giré hacia su lado de la cama. Quería sentirla, oler su inconfundible esencia. Me encantaba el aroma que desprendía. Era tranquilizador pero, al mismo tiempo, morboso, excitante, placentero. No me sentía cómoda teniendo estos sentimientos, pero no podía controlarlos. Nunca me atrevería a confesárselos, no quería estropearlo todo. Admito que tonteábamos, eso sí, pero porque nos divierte, nos hace olvidar nuestros problemas durante un rato.


Mi mente divagaba, deleitándome con la fragancia que quedaba impregnada en las sábanas. Ni me percaté de que mi mano se había deslizado hacia mi sexo. Estaba muy excitada. Solo con imaginármela entre mis piernas, me humedecí.


Fantaseé viéndola encima de mí, sintiendo todo su cuerpo en mi piel. Cómo descendía desde mi boca, hasta mis pechos, perfilándolos con su lengua, con la yema de sus dedos. La pensé atrapándome uno de los pezones con sus dientes, estirándolo mientras estudiaba mis gestos por si aquello me gustaba o no.


Mis dedos resbalaban entre mis pliegues ahogados en mi humedad. Me notaba mojadísima. Estaba tocándome pensando en ella...


Mi torturado clítoris gritaba por ser atendido y mis dedos, obedientes, fueron hacia él. Lo rozaba haciendo círculos, presionándolo levemente.


Deseaba tenerla allí, donde mis dedos, pero que fuera su lengua. Que me torturara horas y horas, me saboreara lentamente, y se excitara viéndome disfrutar con lo que me hacía, mientras lograba llevarme a lo más alto.


Me penetré imaginando que era ella la que me hacía suya, a quien sentía dentro de mí, la que me llenaba por completo con sus caricias, con sus besos...


Con el pulgar fui rozándome el clítoris, más rápido, con más necesidad de ella. Mi respiración era agitada, mis gemidos ahogados, y toda mi mente deseándola.


Quería explotar en mil placeres solo para ella. Mis dedos salieron de mi interior, esparciendo toda mi humedad por mi sexo, y se dedicaron a mi excitado clítoris inflamado. No eran mis dedos, era ella, era su boca atrapándolo, succionándolo, era la punta de su lengua acariciándolo de un lado a otro, de arriba a abajo...


Mi cuerpo se arqueó sintiendo como el orgasmo me hacía temblar de placer de pies a cabeza. Mis caderas se alzaron pidiendo más presión, más roce.


Recuerdo que grité su nombre al sentir todo ese torbellino de sensaciones. Ella me llevó al clímax, me regaló ese orgasmo.

La amaba pero eso nunca lo sabría.

Escrito por Arwenundomiel

Relato: Ella es Mía (capítulo 20)

jueves, 29 de septiembre de 2016
Ir a:     Inicio          Capítulo 19          "Ella es Mía"

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Ella

- Vaya… ¿Qué les has dicho?
- Nada… No he dicho nada…

Era la oportunidad de mi vida. Una gran oferta. Si me la hubieran hecho unos meses atrás… Quería vivir con Mía. ¡Claro qué quería! Pero si quería seguir creciendo profesionalmente, tenía que moverme. Y no podía pedirle que se viniera conmigo, estaba Lucas, su madre, Marc…

Estuvimos un rato en silencio. Casi no comimos nada. No quería hablar, por si decía algo que pudiera estropear lo que teníamos. Necesitaba pensar.

- Mejor me voy a mi casa esta noche.
- No Mía. No tienes que irte. Lo siento, es que…
- Da igual. No pasa nada. Descansa, y ya hablaremos mañana.

Cuando salió por la puerta, sentí un vacío muy grande. Sentí que le había fallado. Había estropeado el momento que había preparado. Pensé en salir detrás de ella, pero para qué iba a hacerlo. Necesitaba estar sola.

Siempre había soñado con tener una oferta así. Pero no creía en las relaciones a distancia. Tenía que elegir: tener una gran carrera profesional, o apostar por lo que teníamos Mía y yo. Ni siquiera era capaz de enumerar los pros y contras. La impotencia por no poder tenerlo todo, no me dejaba pensar con claridad. Lo mejor era dormir, y ver las cosas de otra manera por la mañana.

- Estás pensando en irte a Suecia?

Eso fue lo primero que vi en mi teléfono cuando me desperté. Era casi mediodía, así que Mía ya se lo había contado a Marc. Lo último que necesitaba era sumar más personas a mi decisión. No le contesté. Mía no me había dicho nada, desde que se fuera por la noche. La llamé pero no cogió el móvil.

- Qué tal? Nos veremos hoy?

Le escribí.

- Hola. Estoy ocupada. Me paso por tu casa más tarde.

Ningún signo de exclamación, emoticono…solo puntos. Pude imaginarme lo que iba a decir. Se había acabado. Podía sentirlo. Mientras analizaba el mensaje, empezó a sonar mi teléfono. Marc.

- Dime.
- ¿Puedes explicarme que es esto de irte?
- Nadie ha dicho que me vaya a ir. Solo me han hecho una oferta, muy importante. Y se lo comenté a Mía…
- Parece que no lo llegasteis a hablar mucho, porque ella da por hecho que te vas.
Marc, es lo que he estado esperando toda mi vida. Me ayudaría a seguir avanzando.
- Ella, no es a mí a quien tienes que convencer de nada. No tienes que justificarte.
 Pero la perderé…y esta vez ya no habrá otra más…
- Habla con ella.

Hablar con ella. Y ¿qué le diría? ¿Qué prefería el trabajo, a nuestra relación? Estábamos en el mismo punto que años atrás. O alguna se sacrificaba, o nos separábamos. Parecía que fuera nuestro sino, y no podíamos huir de él.

Mía me citó en el puerto, en aquel banco, en el que nos encontramos unos años antes. Lo recordaba perfectamente, recordaba lo que habíamos hablado, y me hizo pensar, estaba segura de que la noche no iba a acabar bien.

Aproveché para pasar por la oficina un rato por la tarde, antes de ir a mi cita.

- ¿Has pensado en lo qué hablamos ayer?
- No, aún no lo he decidido…
- Ella, ¿qué tienes que pensar tanto? ¡Es irrechazable! El puesto, las condiciones, los beneficios… ¡Es muy grande!
- ¡Ya lo sé! ¡Pero no es tan fácil!
- Calma mujer, no creía que te lo fueras a pensar tanto. ¿Acaso tienes algo que te retiene aquí?
- Mira, ahora no tengo ganas de hablar. Voy a acabar unas cosas y me voy. Ya hablaremos.
- No te lo pienses mucho, o encontraran a otra persona.

Lo último que necesitaba es que me presionara. Hubiera sido mejor no pasarme por ahí. Luego, me topé con Tania. A ella se lo expliqué todo.

- No seas tonta. Vete. ¿Quién te asegura que lo vuestro va a salir bien? Y si no, ¿qué harás? Habrás perdido la oportunidad de tu vida. Si tanto te quiere, que te lo demuestre.

La verdad es que no me ayudaron sus palabras. Llevaba razón, tampoco hacía tanto que habíamos vuelto, podía no funcionar. Pero no era lo que necesitaba oír. Bien, no tenía ni idea de que era lo que quería oír.

Entre conversación y conversación se hizo la hora de acudir a mi cita. El camino me pareció más largo que nunca. No sabía que iba a decirle, pero imaginaba lo que ella me diría. Si me dejaba, ¿qué debía hacer? ¿Dejarlo todo por ella? La quería, muchísimo, pero no quería tener que elegir. No podía hacerlo.

A medida que me acercaba, vi que Mía ya estaba sentada, mirando al mar.

Es bonito, ¿eh?
- Mucho.

Estaba seria. No me miró. Eso no era buena señal.

- ¿Ya te has decidido?
- No, aún no. Mía, lo siento…
- ¿Me quieres?
- ¡Dios! ¡Sabes que sí! Sabes que estoy loca por ti.
- Pero, también quieres irte, ¿verdad?

Seguía seria. Seguía sin mirarme. Yo cada vez estaba más nerviosa, pero no podía esconderme. Tenía que enfrentarme a lo que había.

- Sí. Me apetece mucho ese puesto. Pero no quiero dejarte. ¡No sé qué hacer!

Me miró. Los ojos le brillaban. No me dijo nada, y se levantó. En ese momento, pensé que me dejaría ahí, sentada en el banco. Pensé que se había acabado. Entonces, se arrodilló delante de mí, y sacó un anillo de su bolsillo.

- Ella, cásate conmigo. Yo no puedo acompañarte. No puedo dejar a Lucas. Pero sé que podemos hacer que funcione. No quiero que te quedes por mí. Se acabaron los sacrificios. Quiero que seas feliz. Te quiero. Te quiero, y quiero que seamos la una para la otra, para siempre.
- Mía…no me esperaba esto…

Lo que más me esperaba era que me dijera que habíamos terminado. No recuerdo haber pensado en ninguna otra posibilidad, pero en cualquier caso, ninguna hubiera sido esa. Nunca había pensado en casarme, y cuando lo hice, fui yo la que le compré el anillo, que no le llegué a dar. Pero que se me declarase Mía, así… Fue muy bonito, aunque en ese momento, no lo llegué a saborear de verdad.

- Estoy segura de esto. Estos años separadas, solo nos han traído hasta aquí, a poder estar juntas sin condiciones. Sé que tienes miedo, porque yo también. Pero…
 Mía, no hace falta que digas nada más…
- Ella…
- Sí.
- ¿Sí?
- ¡Quiero casarme contigo! ¡Y quiero vivir contigo! ¡Y lo quiero todo contigo!

Me sentí tan feliz…que todavía no encuentro palabras para explicarlo. Podía tenerlo todo. Quizá no todo a la vez. Pero podría aceptar el trabajo, y seguir mi relación con Mía.

Estuvimos hablando, cenando, paseando… Estábamos deseando llegar a casa. En cuanto cruzamos la puerta, nos besamos con ganas, nos abrazamos, nos tocamos. No llegamos a la cama. El sofá fue víctima de nuestra lujuria. Mucha lujuria.

Cuando acabamos, nos quedamos estiradas en el sofá, desnudas.

- Ella.
- Dime.
- Suecia no está tan lejos. Podremos visitarnos a menudo.

La miré. La besé. Me di cuenta, de que quería eso, todos los días. Nada me compensaría, si llegaba a casa y ella no estaba. Ningún trabajo me llenaría si no dormía a su lado cada noche. Sabía que perdería una oportunidad que, probablemente, no volvería a tener. Pero era el momento de ordenar mis prioridades. Si quería una familia, si quería estabilizarme. Si prefería todo eso, a llevar la vida que había llevado. Y sí, quería una familia con Mía. No quise seguir dándole muchas vueltas esa noche, la euforia postsexo altera bastante la emotividad y los sentimientos. Así que me relajé, y disfruté de la que iba a ser mi mujer.

Pasaron un par de días. Le contamos a Lucas que nos queríamos casar. Pero no le dijimos lo de Suecia. Le dije a Mía, que mejor decirle las cosas de una en una. Y así, a mí me daba tiempo para hablar con ella, y explicarle lo que había decidido.

- ¿Te parece bien?
- ¡Sí! ¡Me encanta! ¿Quién será el novio, mami? ¿Ella o tú?
- Jajaja. No, Lucas. No habrá novio. ¡Seremos dos novias!
- ¡Ah! ¡Vale!

El niño se lo tomó genial. Aunque, todavía había algunas cosas que no sabía cómo organizar en su mente. Pero sus comentarios eran muy graciosos.

Cada vez estaba más segura de mi decisión: no quería dejarlos. Al primero que se lo conté fue a Marc. Me entendió. Le supo mal que perdiera ese puesto de trabajo, pero me dijo que se enorgullecía de verme tomar una decisión tan importante, y dar prioridad a lo que, él consideraba, era más importante.

Los días pasaban. En el trabajo, cada vez me presionaban más para tomar una decisión. No quería decirles nada antes de hablar con Mía. Pero sabía que no buscarían a nadie, hasta que yo no les diera una respuesta.

Mía y yo empezamos a pensar en la boda, fechas, lugar, invitados… Aunque queríamos tomarlo con mucha calma, y disfrutar el momento. No nos importaba si era en unos meses, o en un año, el hecho de comprometernos ya había sido un gran paso para nosotras. Poco a poco empecé a cogerle el gusto a eso de casarme. Y verla a ella tan ilusionada… eso era lo mejor de todo.

Uno de esos días, quería prepararle a Mía una cena romántica, solas. Quería hablar con ella y explicarle que era lo que tenía en mente, y cual quería que fuera nuestro futuro. Sobre todo, donde quería que fuera.

Justo ese día recibí una llamada de Marc. Quería que quedásemos para hablar.

- Ella, he estado pensando mucho desde que hablamos el otro día.
- ¿Sí?
- He pensado, que Mía y Lucas podrían acompañarte a Suecia. Así que no tendrías que renunciar al trabajo, ni a ellos.
- ¿Cómo? ¿Y tú?
- Le voy a echar mucho de menos. Pero sé que con vosotras va a estar genial. Para él será una aventura. Y os lo merecéis.
- ¿Lo has pensado bien?
- Sí. Lo he pensado bien. También lo he hablado con Sonia, y me apoya.

Cuando ya tenía la decisión tomada, las cosas claras. Cuando iba a dar el paso. Todo se me volvía a revolucionar. Otra vez a poner orden a mis ideas.

Lo que me había dicho Marc, lo podía cambiar todo. Me daba la posibilidad de tenerlo todo. Todo lo que quería. Me pasé el camino de vuelta a casa pensando en ello. Tenía claro, que esa noche le diría a Mía algo definitivo. Y a la mañana siguiente, lo comunicaría en la oficina.

Llegué a casa, y mientras preparaba la cena y la mesa, no dejaba de darle vueltas al asunto. Pero la mayoría de las ideas me llevaban al mismo punto. Y deseaba con todas mis fuerzas, que esa fuera la mejor opción para todos. Ya no era yo, ahora éramos un nosotros. No podía evitar que eso me pusiera más nerviosa.

Cogí el anillo, que aún guardaba en el cajón de mi mesita, y lo puse encima del plato de Mía, en la mesa, para que lo viera nada más llegar. No tenía ganas de andarme con rodeos.

Cuando la oí llegar, fui a recibirla a la puerta. Le di un abrazo fuerte. De los que te hacen pensar que algo pasa.

-  ¡Hola! ¿Pasa algo?
- No. ¿Tiene que pasar algo para que me apetezca abrazarte?
- No. Claro que no. Pero este recibimiento… ¡Vaya! La mesa está muy bonita. En serio, ¿tengo que preocuparme?
- ¡No! Créeme. Pasa y siéntate.

A medida que se acercaba a la mesa, iba fijando su mirada en el plato, y en la cajita que había encima. No iba a ser una pedida de película, en eso me había ganado, pero también se merecía su anillo, y su momento.

- Y, ¿esto?
- Ábrelo.

Cuando lo abrió, se le iluminaron los ojos.

- ¡Es precioso, Ella!

Me arrodillé.

- Mía, me ha costado mucho tiempo darme cuenta de lo realmente importante en la vida. De lo que realmente me importa. Ha habido momentos en los que me he equivocado en mis prioridades. Pero ahora sé que lo que me importa, de verdad, es ser feliz. Y solo soy feliz contigo. No me llena el trabajo si tú no estás a mi lado. No disfruto de los viajes, si no los hago contigo. Por eso, no me voy a ninguna parte, amor. Quiero quedarme aquí, contigo, con lo que tenemos, con lo que queremos tener.
- Ella… ¿y el trabajo?
- No lo quiero, Mía. No quiero irme. Tú lo tienes todo aquí. No solo a Lucas, todo. Y yo no quiero irme sin ti.
- Pero yo no quiero que lo pierdas todo…
- Mía, ¿es que no lo entiendes? No pierdo nada. En realidad, es de las decisiones más egoístas que he tomado nunca, porque quedándome contigo gano mucho más. Yo soy mejor contigo. No sé qué pasará en un futuro con nosotras, pero eso nadie lo sabe. Solo sé que ahora estoy segura de esto.
- Te quiero. ¡Te quiero!

Nos abrazamos, y empezó a llorar.

Yo también te quiero, Mía. Has cambiado mi vida, has cambiado lo que creía que era vivir.

Después de estar un rato abrazadas, Mía se calmó. Nos pusimos a cenar, y no podía dejar de mirar su sonrisa, y el brillo que tenía en los ojos. Hicimos muchos planes en esa cena. Sentí que aquel momento, era el principio de todo.

Sabía que se podía vivir sin amor, pero yo no quería hacerlo. Ya no. Supongo que nunca me había creído capaz de ser una mujer de familia: fiel, responsable, con hijos… pero había encontrado buenas razones para hacerlo. Nunca me arrepentí de esa decisión.

- Ella, eres mía.
- Siempre.

FIN

@MamaoMami

"¿Qué pasó con los sentimientos de papel?" (Carta 3)

miércoles, 28 de septiembre de 2016
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                       Un día de lluvia en un pueblo perdido.

Elisa,

Me ha encantado la foto. Sale preciosa. Sigue teniendo ese pequeño remolino rubio en la coronilla, que me gusta tanto. El día de hoy le gustaría. Llueve muchísimo y ya solo podemos caminar sobre barro. He cogido a mis niñas y las he sacado a bailar bajo la lluvia. Como hago contigo y con ella, cuando llueve mucho.

Por unos momentos, me he sentido como si estuviera en casa. Con la pequeña en brazos y tú gritando que nos metiésemos ya, porque vamos a coger un resfriado.

Una de las niñas se ha quedado escondida en clase. Al darme cuenta he ido a por ella y me ha dicho que la lluvia es peligrosa. Diez minutos después la tenía llena de barro y completamente empapada, bailando con las demás.

Ha sido una completa locura y me he llevado unos cuantos gritos de la madre superiora, pero ha valido la pena. Cuando nos hemos metido en el pabellón, después de cambiarnos, hemos hecho té caliente con unas hojas que tenían las niñas. Me ha recordado al olor de la tierra y la hierba mojada, pero estaba caliente y reconfortaba el cuerpo.

Después de la comida nos hemos sentado un rato sobre las mantas, a hablar. Esto cada vez parece más una familia. Y eso me gusta. Me han preguntado si mi marido me dejaba estar tanto tiempo fuera de casa sin él, y eso me ha hecho reír. Les he dicho que no necesitaba el permiso de nadie para viajar y me han mirado como si hubiera dicho que tengo el poder de volar y hacerme invisible.

Les he hablado de María y les he enseñado la foto que me has mandado, me han dicho que tenía ojos de Sol, lo mismo que dijiste tú al verla.

Han insistido en hacerles varios dibujos, así que os mando los dibujos con esta carta, firmados por cada una de ellas. Y una foto de todas nosotras esta mañana, que nos ha hecho la Madre Ágatha mientras bailábamos en la lluvia.

Recuerdo la foto que has mencionado en tu carta. Fue el día de la "guerra de pintura", escribiendo estas cartas me doy cuenta de que soy como una niña que aún no ha crecido. Pero, recuerdo aquel día como si hubiera sido ayer. Estabas pintando en la habitación en la que te encierras a trabajar y María entró en el cuarto, silenciosamente, para que la cogieras en brazos, ella alzó las manitas y tú ni siquiera te percataste de que ella estaba allí, cerca de ti y yo os miraba desde el marco de la puerta. María tiró del mantel en el que tenías las pinturas y  todos los tonos de colores cayeron al suelo. Recuerdo que te enfadaste hasta que viste a la pequeña llorando. Entonces, pasaste la mano por la pintura y lanzaste un pegote de color rosa a la pequeña sobre su vestidito blanco. Ella dejó de llorar y te miró sorprendida mientras tú le sonreías, cogió el agua donde limpiabas los pinceles y te mojó entera. Recuerdo tu cara de sorpresa. Me reí tanto aquel día...


                                             Un beso enorme, os quiero.

                                                                                 Diana.

P.D: Id a visitar a los abuelos algún día, y mandadme muchas, muchas fotos de vosotras.


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       Carta 4


Escrito por Buzzys

Las lágrimas

lunes, 26 de septiembre de 2016
Las lagrimas, que son las lagrimas,
¿no son ese agua, ese liquido trasparente que produce nuestro lagrimal por distintas razones?

Las lagrimas, aunque no lo creamos son distintas, no existen lagrimas iguales, cada una tiene un significado, un tamaño o un motivo distinto.

Me gustaría poder decir que las conozco todas y se sus motivos o quizás debería decir que no, que no las conozco ni las quiero conocer, por lo malo de algunas de ellas, pero me limitare a decir que se de la existencia de algunas y que me gustaría poder hablaros de ellas, y eso haré, hablar de ellas.

Hay lágrimas que actúan como una coraza, son como nuestras protectoras, y el motivo de su existencia se debe a todas esas cosas que dañan nuestros ojos, como lo son las motas de polvo, esas pestañas que se meten en nuestro ojos haciendo que nos escueza, o cuando cortamos cebollas.

Pero existen lágrimas que más que lágrimas son un quemazón- Que intentan salir de nuestros ojos y, a su paso, parece que arden, que nos queman, que nos desgarran. El motivo de ello es porque intentan sacar de nuestro interior ese dolor, esa cosa mala que tenemos dentro y, que a veces, no nos deja seguir adelante. Por eso, aunque duelen, hay que dejarlas escapar para liberarnos y sentirnos mejor con nosotros mismos.

Cuando lloramos no nos fijamos en que hay una lágrima que escapa antes que el resto, aunque sea en una diferencia de 3 segundos o de una milésima de segundo, y cuando la que escapa primero es del ojo izquierdo, el motivo de ésta es por algo que nos produce tristeza, sufrimiento, pena o tristeza. Os diría que os fijaseis en que es así, pero espero que no tengáis que comprobar que es ese el motivo. Prefiero que lo comprobarais cuando la lágrima procede de nuestro ojo derecho, porque el motivo de ésta se debe a felicidad, alegría, emoción. Probad a reír tanto que se os salten las lágrimas, veréis cual es la primera que roza vuestro rostro. Probablemente esa lágrima se deslice mas rápido porque sale dejando escapar esas carcajadas.

Existen lágrimas que cada  una vive más que otra.

Están esas lágrimas que salen como si todo acabara, y hacen un trayecto desde nuestros ojos hasta desaparecer por nuestra barbilla. O aquellas de corta vida, que nada más nacer son secadas porque no quieres llorar, quieres seguir, luchar, que no se te vea llorar o simplemente es por un acto reflejo.

Están esas lágrimas que en algún momento tod@s hemos querido ser. Esa lágrima que nace en el ojo de la persona que nos gusta, que queremos o amamos. Esa lágrima que vemos caer de felicidad a un ritmo muy lento que recorre su rostro, cada parte de él, acabando en esos labios que quieres sentir y acariciar como si fueras esa lágrima, deslizándote despacio como si se tratara de una dulce caricia.

Y también, existen las lágrimas conocidas como "lágrimas de cocodrilo" que supongo, por desgracia, más de uno conocemos y que no necesitan de una explicación, por lo tanto, me la ahorraré.

Ahora voy a lo importante de todo esto. A eso que debemos de tener realmente en cuenta, lloraremos en la vida mil veces y, probablemente, sea más veces por cosas negativas que positivas. Por lo tanto, para mí, en lugar de una lágrima ser eso que dije al principio, ese agua, ese líquido trasparente que produce nuestro lagrimal, las lágrimas son parte de nosotros, de lo que realmente somos y tenemos en nuestro interior. Son la manifestación de lo que llevamos dentro, de lo que sentimos. Son como pedacitos de nuestra alma que quieren liberarse y salir al exterior, volar, sobre todo, cuando tenemos esos nudos en nuestro interior con los que nos cuesta respirar y seguir. Esos que tenemos ahí haciéndonos daño pero que, cuando lo dejamos salir aunque sea tras las lágrimas, nos hacen sentir vivos de nuevo, nos quitan parte de esa pena o tristeza. Porque liberamos eso que en realidad no debe estar en nuestro interior, que quiere ser libre o incluso dejar de existir.

Escrito por @srtadesquiciada

Película: La serie divergente: Leal

domingo, 25 de septiembre de 2016
La serie divergente: Leal
Director: Robert Schwentke
Reparto: Shailene WoodleyTheo JamesNaomi WattsJeff DanielsZoë Kravitz,Miles TellerAnsel ElgortJonny WestonBill SkarsgårdKristin McKenzieJuanita J.P. TaylorMarisol CorreaJessica YoshimuraSteven A.D. TaylorLindsey McColloughAlicia BonhamNadia Hilker
Género: Acción, aventuras, ciencia-ficción
Duración: 121 min.
Sinopsis: La tercera entrega de la exitosa franquicia de La Serie Divergente, LEAL, lleva a Tris [Shailene Woodley] y a Cuatro [Theo James] a un nuevo mundo, mucho más peligroso que el que habían conocido antes. Tras las revelaciones trascendentales de INSURGENTE, Tris debe escapar con Cuatro e ir más allá del muro que rodea Chicago. Por primera vez en la historia, dejarán la única ciudad y familia que conocen. Una vez fuera, todo aquello que presuponían como cierto, pierde cualquier sentido tras la revelación de nuevas verdades. Tris y Cuatro deben decidir rápidamente en quién confiar mientras se inicia una guerra despiadada que amenaza a toda la humanidad, más allá de las paredes que rodean Chicago. Para sobrevivir, Tris se verá forzada a tomar decisiones imposibles sobre el coraje, la lealtad, el sacrificio y el amor.

Comentarios:
Creí que vería el final de esta saga con esta película pero... es la primera parte de la última entrega de esta trilogía. Vamos, en definitiva, que queda todavía otra película más para terminar, o eso creo.

Me ha sorprendido gratamente, ya que esta saga ha ido con altibajos conmigo. La primera entrega me gustó muchísimo. La segunda no me gustó casi nada. Esta tercera película me ha vuelto a gustar bastante, y eso me ha sorprendido gratamente ya que estaba mentalizada en ver algo no muy emocionante.

Es una película que para entenderla tendrías que ver las dos primeras, eso es nota importante que debía deciros. Después, pues deciros que vuelve la acción y nuevos personajes (¿buenos o malos? ahhhhh) Muchos efectos especiales, que no están nada mal. Y el final es un final pero dejándote la miel en los labios para la entrega final de la historia.

Definitivamente, os la recomiendo que la veáis. Eso sí, para enteraros será mejor que hayáis visto las dos anteriores. Mucha acción, mucho movimiento, y muy entretenida para una tarde de domingo como hoy.

Escrito por Arwenundomiel

Hazlo por ti

viernes, 23 de septiembre de 2016
Que si la vida te roba un día, tú le pidas dos a cambio.

Que no olvides nunca el primer beso que diste y la primera vez que te sentiste importante para alguien, aunque ahora creas que el amor no existe sin que duela.

Que tengas la capacidad de dar segundas oportunidades sin pensar que ya no va a ser lo mismo por mucho que te lo digan, pero teniendo claro lo que tú quieres. Que arriesgues. Y que cada mañana te despiertes pensando en lo mucho que vales.

Que nunca te faltará alguien con quien salir a bailar. Pero que bailes solo sin esperar a que te inviten si eso es lo que te apetece.

Escrito por blveinyourself_

Relato: Ella es Mía (capítulo 19)

jueves, 22 de septiembre de 2016
Ir a:     Inicio          Capítulo 18          "Ella es Mía"

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Mía

Me desperté, y ya había amanecido. Cuando la vi, a mi lado, tan dormida, tan relajada, tan… tan Ella ¡se me paró el corazón! Empecé a darle vueltas a la cabeza, me entraron todos los miedos. Tuve una sensación de deja vú, y sabía cómo acababa. Pero, estaba tan a gusto, que no quería estropear el momento. No quise que se terminara esa noche. La abracé, la abracé fuerte, y me volví a dormir.

- Buenos días.
- Buenos días.
- ¿Qué tal?
- Yo estoy muy bien. Mejor que bien. ¿Tú?

Le respondí abrazándola, y le di un beso. La verdad es que no tenía palabras para describir como me sentía. Estaba nerviosa. Tenía un nudo en el estómago, que no se me quitaba. Pero era una sensación buena. Ignoré mi pánico, al menos, hasta que se acabara el fin de semana. Iba a disfrutar. Iba a disfrutarla.

Y lo hice. Lo hicimos. Salimos poco de la habitación. Recuperamos tiempo perdido. Se notaba que habíamos madurado, también sexualmente. Intentaba pensar que se debía a la maduración, y no a la cantidad de experiencias que podía haber tenido Ella, desde que no estábamos juntas. Lo mejor era que seguíamos entendiéndonos. Cuanto más sexo teníamos, más ganas tenía de ella. Nos saltamos algún masaje, y alguna hora de piscina. Otras las aprovechamos, muy bien, por cierto.

Evitamos, durante los dos días, tener la conversación que, irremediablemente teníamos que tener. Hablábamos de lo bien que lo estábamos pasando, de que nunca habíamos tenido un momento así durante nuestra relación, de lo que sentíamos…pero nada del futuro. Nada.


Te quiero, Ella.

Cuando se lo dije, mirándole a los ojos, sin aspavientos ni sofocones, abrazándola, se quedó en silencio, durante un momento.

Ojalá no se acabara nunca este fin de semana.

¡Ups! A pesar de que era bueno que no quisiera que se acabara, me dolió no escuchar lo que esperaba. Quizá yo, estaba yendo muy deprisa. Pero, pasara lo que pasara con nosotras, fuera el que fuera el futuro que nos esperaba, la quería. Eso no cambiaba. No había cambiado en todos los años que habían pasado, con todo lo que habíamos vivido, difícilmente iba a cambiar después de ese fin de semana. No se lo volví a repetir, y ella tampoco me lo dijo.

El fin de semana se acababa. Por mucho que lo deseáramos, se acababa. Me apetecía volver con Lucas, pero hacía tanto tiempo que no me sentía una mujer en mí misma, sin ser madre de, hija de, ex de… era yo, sintiendo y viviendo lo que quería. Y cuanto más cerca estaba el final, los miedos volvían a asomar.

- Esto se acaba, amor.
- Lo sé…
- Y ¿qué haremos?

Había llegado el momento. Ella había lanzado la preguntar, había abierto la veda, ya no había vuelta atrás. Así que me lancé. No sé lo que sentí, solo que empecé a hablar.

- No sé lo que vamos a hacer. Solo sé lo que quiero. Yo quiero estar contigo, Ella. Sé que lo que hemos vivido estos días no es nuestra vida real. Pero quiero intentarlo. Porque lo que he sentido por ti, en todos estos años, no lo he sentido por nadie, nunca. Seguramente, mi vida ahora es más complicada que lo era hace unos años. Ahora tengo un hijo, y él es mi prioridad. Pero podría funcionar. Podríamos hacerlo funcionar. Y me encantaría tener más hijos contigo…

Empecé a llorar, sin control. En ese momento, era incapaz de recordar todo lo que le había dicho.

- Mía, no llores.

Me abrazaba, no podía parar de llorar. En algunos instantes sentía que me iba a decir que estaba loca, que fue bonito mientras duró, y no más. Luego, pensaba que me diría que me quería y que seríamos felices para siempre. Pero no decía nada, y yo solo lloraba.

-  Mía, yo te quiero. Te quiero mucho. Estos días me he dado cuenta, de que sigo enamorada de ti. Que nunca he dejado de estarlo. Quiero estar contigo, porque mi vida es mejor cuando estás tú. Pero no quiero volver a estropearlo. No quiero hacer daño a Lucas. Ni a ti…

¿Qué quería decir con eso? ¿Quería intentarlo o no? Me había dicho que me quería, que quería estar conmigo, pero… me quedé muy confundida.


¿Qué quieres decir?
- Que podríamos intentarlo, sin decir nada, de momento, y vamos viendo… Si te parece bien.

¡Uf! Yo no tenía muy claro esto de volverme a meter en el armario. Aunque en realidad, era la mejor opción.

Despedimos el fin de semana con el que, probablemente fue el mejor sexo en muchísimo tiempo. Me convenció de que mantener el secreto valía la pena. Volvería al armario, pero si Ella estaba esperándome dentro, no estaba tan mal.

A la vuelta, todo estaba como lo dejé. Pero me daba la sensación de que brillaba más el ambiente. Lucas me dio uno de esos abrazos que te llenan de energía hasta los topes. Mi madre me miró con ganas de interrogarme.

-  Te ha ido muy bien el fin de semana, ¿no?
¿Tú también estabas detrás de eso?
- Bueno, no será porque tú me contaras nada de lo que estaba pasando. Si no fuera por Marc…
- Mamá, no quiero preocuparte con tonterías…
- ¿Lo consideras tonterías?
- Mami, ¿te pasa algo?
- ¡No! No pasa nada. Recoge las cosas, que nos vamos.
- Pero, ¿ha ido bien?
Entonces pensé en lo de no decir nada a nadie, aunque tampoco quería mentir a mi madre. Tenía que empezar a utilizar esas fórmulas que ni dicen, ni dejan de decir.

- Sí, ha ido bien.
- ¿Solo eso me vas a decir? Pasas un fin de semana con Ella en el paraíso, y no me dices nada más, ¿de verdad?
- Mamá, ¡qué cotilla eres!
- ¿Has visto a Ella, mami?

Lucas siempre estaba en todo. Era tan cotilla como su abuela.

- Sí, nos hemos encontrado en el hotel.

Mi madre intentó continuar sacando información.

- A ti te gusta mucho Ella, ¿verdad cariño?
- ¡Mamá!
- ¡Sí yaya! Juega mucho conmigo, además también hablamos. Le cuento muchas cosas, y ella me explica historias suyas. ¡Ha viajado mucho!
- Y, ¿de qué habláis?

Me picó la curiosidad sobre las cosas que Ella le explicaba de sus viajes.

- Un día le expliqué una cosa de mi novia Gala, y ella me dijo que también había tenido una novia. Y que a las novias hay que cuidarlas y quererlas.

¿Ella había hablado de novias con mi hijo? ¿Y qué hacía mi pequeño teniendo novia? Cada vez entendía menos cosas. Lo mejor era dejar de preguntar. Veía a mi madre, intentando no reírse con la situación.

- Venga, dale un beso a la yaya, que nos vamos.
Llegamos a casa, y mientras estaba en la ducha, oí que Lucas hablaba.

- Mami, es Ella.

Me trajo el móvil.

- Perdona, no quería molestarte. Solo quería saber que habíais llegado bien a casa.
- No me molestas. Sí, ya estamos en casa. ¿Qué tal?
- ¿Estaría mal que te dijera que te echo de menos?
- No lo creo… yo también te echo de menos.
- ¿Podremos vernos mañana?
- Sí, claro.
Cenamos y nos tumbamos en el sofá. Lucas se quedó dormido en mis brazos. Le miraba, mientras le acariciaba el pelo. Le quería tanto… Me sentí egoísta por quererlo todo. Quería a Ella, quería a Lucas, y quería que funcionara todo eso junto.

Pasaban los días, y mi relación con Ella iba genial. No nos quedábamos escondidas en la cama, también salíamos al cine, a cenar, de compras. Teníamos el noviazgo que nunca tuvimos. Cada vez nos ocultábamos menos. Cuanto más tiempo pasábamos juntas, menos miedo tenía. Poco a poco, queríamos ir contándoselo a las personas que nos importaban, pero nos daba pereza tener esas conversaciones que empiezan: tengo que contarte algo… Así que lo hicimos con naturalidad.

Ella había quedado con Paula y compañía para cenar. Me pidió que le acompañara.

- Les he dicho que iré acompañada.
- ¿No le has contado nada a Paula?
- No. Nada. Me ha costado, es mi mejor amiga. Hablamos mucho. Pero quería hacer las cosas bien.

Me sorprendió. No me hubiera molestado que se lo dijera, lo hubiera entendido, pero me alegró que no lo hiciera. Que lo hiciéramos juntas.

Cuando llegamos, la cara que se les quedó habló por ellos. Yo estaba nerviosa, pero creo que se les heló la sangre al verme llegar de la mano de Ella.

- ¡Cuánto tiempo, Mía! Me alegro de verte.
- Yo también. Sí que ha pasado mucho tiempo.

Me sentí avergonzada, por haber dejado que se enfriará tanto la relación con mis amigos. Aunque a medida que avanzaba la noche, el ambiente era más distendido y relajado. Lo pasamos bien. Acabamos de cenar, y nos despedimos. Habíamos perdido habilidades en eso de continuar la noche más allá de la cena.

- Bueno, un paso más. No ha estado mal, ¿no?
- ¿Comemos mañana con Marc y Lucas?
- ¡Uau, Mía! ¡Estás lanzada! ¿No quieres hablar primero con Lucas?
- No, quiero que lo hagamos las dos.
- Me da miedo.
- A mí también.
Nos cogimos y nos fuimos a su casa. Le mandé un mensaje a Marc.

- Comemos mañana todos juntos?
- Vale! Prepararemos algo en casa.

Le dije a Ella que Marc me había dicho de comer en su casa. Pero no hablamos nada más. Supongo que las dos estábamos tan nerviosas que no sabríamos que decirnos. La verdad era, que Marc se había esforzado porque estuviéramos juntas, pero enfrentarnos a ello, y sobre todo a Lucas… ¿Y si a Lucas no le parecía bien? No recordaba si había tenido tanto miedo en toda mi vida. Nos metimos en la cama, nos acurrucamos, y nos dormimos.

Por la mañana, nos duchamos, sin hablar sobre lo que le diríamos a Lucas. Como si no lo fuéramos a hacer. La miré, en el baño, secándose el pelo en ropa interior. Entonces estuve segura de que era el día. Quería que todos supieran que la quería, y que si me veían tan bien últimamente, era porque ella me hacía feliz.

- ¿Estás segura de que quieres que esté contigo cuando hables con Lucas?
- Sí. Sí que quiero.
 Vale. Pues allá vamos.

Llegamos a casa de Marc.

- ¡Ei! ¡Hola! ¿Ella? ¡Hola! No sabía que vendrías…
 Viene conmigo. Venimos juntas.

No tardó ni medio segundo en reaccionar. Sonrió y nos abrazó.

- ¡Lo sabía! ¡Lo sabía!
- ¡Tsss! No grites. Queremos hablar con Lucas. Con calma.
- Como me alegro… ¿Desde cuándo? ¿Funcionó el plan del spa? ¡Contádmelo todo!
- Luego, hermano. Luego te damos los detalles.

Fuimos a encontrarnos con Lucas, que estaba jugando en su habitación.

- ¡Hola mami!
- ¡Hola guapo!
- ¡Ella!
-   ¡Hola! ¿Qué tal estás?
- ¡Muy bien! ¿Quieres jugar conmigo?
Espera cariño. Ven un momento. Ella y yo, queremos contarte algo.
- ¿El qué?
- Bueno, Lucas… A ver…

No sabía cómo decírselo. Era mi hijo, yo, mejor que nadie debía saber cómo hablarle, pero no. No encontraba las palabras. Pensé en empezar contándole una historia, hablarle de las relaciones de las personas adultas…


Ella y yo, últimamente pasamos mucho tiempo juntas. Y nos lo pasamos muy bien. Y queremos pasar más tiempo juntas. Como papá y Sonia, ¿sabes?
- ¿Os queréis? Papá y Sonia siempre se dicen que se quieren mucho.

No me esperaba esa pregunta. No estaba segura de que él entendiera la importancia de querer así. Ella me miró, sorprendida. Le sonreí, y miré a Lucas.

- Sí, nos queremos. Yo la quiero mucho. Y nos gustaría hacer cosas los tres juntos. Y algunos días los pasará en casa con nosotros… si a ti te parece bien.
- Ella, ¿tú quieres a mi mami?
- Sí, mucho.
- ¡Vale!
- ¿Te parece bien?
- ¡Sí! ¿Juegas conmigo, Ella?

Y ahí acabaron los nervios. Lucas no le dio tantas vueltas al tema, como nosotras. Ella me acarició la mano, y se puso a jugar con él. Yo los miré, y salí de la habitación. Me topé con Marc. Se le notaba que había estado escuchando.

- ¿Cómo ha ido?
- No disimules. Lo has oído todo.
- Vale… sí… Me he quedado escuchando un poco. Lo siento…
- No pasa nada.
- Debes estar muy segura para haber dado este paso.
- Sí, lo estoy. Lo estamos. No sé qué pasará, pero ahora, estamos seguras de esto. Queremos intentarlo. Lo estamos haciendo. Tu plan funcionó.
Jajaja. Entonces, ya hace un tiempo de esto, yo había perdido la esperanza, después de que ninguna de las dos me dijera nada.
Queríamos ir despacio. Ahora está Lucas. No queríamos volver a hacer una locura.
- Me parece genial. Os lo merecéis. Estáis hechas la una para la otra.
- Gracias, Marc.

A partir de entonces, empezamos a llevar una relación normal, a la vista de todos. Por supuesto, puse a mi madre al tanto de todo. No sé si se alegro más por verme feliz, o por recuperar a Ella.

Lucas estaba encantado con esta nueva situación. Fue el que mejor lo llevó, con él nada era raro. A todo le quitaba importancia. Le gustaba que Ella se quedara en casa, hacía sus rutinas con ella: el baño, la cena, el cuento… Cuando era fin de semana, se venía a la cama, y se metía entre nosotras. Y cuando no se quedaba, preguntaba dónde estaba.

- Lucas, ¿te gustaría que Ella viviera con nosotros?
- ¿Traería a Indiana?
- ¡Claro! Vivir los cuatro juntos.
- ¡Sí!
- Bueno, se lo preguntaré. Quizá no puede dejar de cuidar su casa, y tenemos que esperar un tiempo.

Estuve debatiendo conmigo misma, si primero hablaba con Ella, o primero con Lucas. Ya que decírselo a Lucas, y que Ella dijera que no, sería tener que darle explicaciones. Pero, pensé que se lo merecía. Merecía ser el primero en opinar. Ya solo, tenía que prepararme para pedírselo a Ella.

Llevábamos unos meses juntas. La relación funcionaba. No habíamos hablado sobre el futuro, pero las dos sabíamos lo que esperaba la otra. Yo sabía que, cabía la posibilidad, de que Ella quisiera tener más hijos, y me parecía bien. Quería estar con ella, quería una vida con ella. Estaba preparada. Ni en nuestros mejores tiempos, habíamos estado tan bien. Éramos nosotras, pero en una versión mejorada. Los años nos habían mejorado.

Una de las noches, que Lucas estaba con su padre, preparé la cena, antes de que Ella llegase de trabajar. Lo de ser socia, le obligaba a estar más por la oficina. No puse el ambiente muy romántico, no quería que sospechara que quería decirle algo, y estuviera tensa toda la cena. En cuanto escuche la llave en la puerta, la que se puso tensa fui yo.

- ¡Hola!
- ¡Hola amor! ¿Celebramos alguna cosa?
¡No! Solo que he llegado pronto a casa, y he pensado que nos lo merecíamos.
- ¡Me parece genial!

Nos sentamos a cenar. Hablábamos, pero yo no encontraba el momento de decirle lo que le quería decir, y ella parecía que cada vez estaba más incómoda.

- Ella, quiero decirte algo… ¡Vaya, qué típica he sonado!
 Vaya…
Las cosas nos están yendo bien. Estamos bien, estoy genial contigo…
- Mía…
- Quiero que sigamos avanzando. Te quiero, y quiero que vivamos juntas.
- Mía…
- ¿Qué pasa? ¿No te parece buena idea? ¿Es demasiado pronto? No pasa nada…
- No, no es eso…
- ¿Entonces?
- Hoy he estado hablando con mi socia. Ha salido una oportunidad muy buena para crecer como empresa…
- Ah…
- Pero me piden que me traslade, a Suecia.

No supe que decirle. Si me lo contaba, era porque estaba valorando la posibilidad de marcharse. Y me vi, a mí misma, unos años atrás…


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