El armario de mi madre

jueves, 30 de junio de 2016
El otro día hablando con mi madre me comentaba sobre la cantidad de amigos que tiene que sus hijxs son homosexuales. Ella tan natural me decía: “Y me dijo que su hijo se iba a casar con un chico, y yo le dije: ¡pues mi hija está casada con una chica! jajaja”. Me di cuenta de que mi madre tiene más amigos en el gremio que yo.

Y entonces me acordé de, hará unos once años, cuando una tarde entré llorando a la habitación de mis padres a contarle a mi madre "algo que no le iba a gustar". Me parece que antes de ese momento, hacía años que mi madre no me veía llorar. Recuerdo que mi madre no me dijo nada, sólo intentaba calmarme. Se lo guardaba todo para cuando estuve calmada.
Los días que vinieron fueron complicados...mi madre me decía cosas que me dolían, y mucho. Sabía que ella era de las que me aceptaría, pero parecía que no me lo iba a poner fácil: "Rezo cada noche para que se te pase", y no es mucho de ir a misa, la verdad, "Eso es porque no te llevas bien con tu padre", un hombre con sus defectos, un padre a su estilo, pero para nada lo cambiaría por ninguno, y así unas cuantas. En aquellos tiempos me parecía fatal que mi madre me lo pusiera tan difícil.

Con el tiempo las frases fueron mejorando: "Sufrirás mucho", "Yo no quiero que te hagan daño"...

Más tarde, la relación con mi novia, hoy mi mujer, ya era evidente, y poco a poco, la cosa se fue normalizando. Momentos incómodos, sí, pero sin maldad, también.

Hoy todo está bien, muy bien, somos una familia normal, "normal" una palabra que no sé bien que es lo que describe, pero bueno... para que nos entendamos. Somos todo lo normal que puede ser una familia corriente, que se quiere, se apoya, se aguanta, se saca de quicio, se vuelve a querer...

Entonces no lo entendí, pero los años me han hecho darme cuenta, que lo mismo que yo necesité mi tiempo, mi proceso y todos los cacaos mentales pertinentes antes de salir del armario, mi madre también lo necesitaba. Entendí que mi madre necesitaba su tiempo para salir del armario en el que yo la había metido.


Escrito por @MamaoMami

Tipos de novias

miércoles, 29 de junio de 2016

Llevo un tiempo leyendo blogs en los que te advierten de los distintos tipos de novias que podríamos tener. Al principio me resultó divertido, y fue como jugar a los cromos, esta "sile", esta también, esta otra, casi casi.

Para hacer más fácil la ilustración de lo que escribo, transcribiré lo escrito en Lesbicanarias.
"Los seis ejemplos que dan en el vídeo son:

La jugadora de softball: ya saben, deportista, sexy, llena de vida y con demasiado “equipaje detrás”.

La femenina: guapísima, un sueño hecho realidad, hasta que llegas a la cama y te toca hacer todo el trabajo.
La enclosetada: la chica de tus sueños, inteligente, graciosa, cariñosa, etc, pero todo de puerta para dentro porque salir a cenar juntas es restregarle al mundo tu homosexualidad.
La hetero: Esta la hemos sufrido el 99% de las lesbianas. La típica chica que te ama pero tiene novio y no lo va a dejar ¡Jamás!
La feminista: La mujer más culta e inteligente con la que te hayas encontrado. Podrías aprender muchísimo de ella si no fuera porque le da flojera salir con alguien tan inculto como tú.
La mejor amiga: Siempre han estado juntas, ¿cómo demonios no te diste cuenta antes? La has tenido al lado toda la vida ¡son prácticamente almas gemelas! El problema es que son tan iguales que prácticamente estás saliendo contigo misma."

Lo del softball, como que no se da mucho por aquí, así es que lo dejaré en fútbol. Sí, tuve una novia futbolista. Era una chica muy atlética, sexy..., bueno, depende de cómo se mire. Llena de vida, hombre, tenía 19 años, eso era fácil. Y, con respecto al equipaje, yo fui su primera carga de la mochila, pero sí que había un equipaje familiar que pesaba demasiado sobre sus hombros.

La femenina: sí, ésta también anduvo por mi vida. Alta, con un cuerpazo, guapilla, con demasiados remilgos a nivel sexual, poca inteligencia emocional, y muchos problemas mentales. De hecho, casi prefiero ni recordarla.
La enclosetada: también. Es cierto, es una mujer inteligente, graciosa, pero también seria, eso me encantaba, muy cariñosa, podía pasarse horas besándome, y con una pasión inaudita. No había salido del armario (yo tampoco en aquella época), pero, salvo en su barrio, no tuvo problema alguno en pegarse a mí.
La hetero: bueno, esta podría ser la misma que la Femenina. Primero hetero, luego bisexual, luego crisis de ansiedad y por último, el aceptar que era lesbiana pero que nunca podría vivir con ello.
La feminista: este caso es un poco especial, sí que he estado con una mujer muy feminista, pero de ahí a que pensara que yo era una inculta, creo que hay un gran salto. Además, no entiendo cuál es la relación entre feminismo y elitismo (quizá por inculta).
La mejor amiga: de esto tengo varios casos, pero hay uno en particular que para mí es muy especial. No éramos amigas, la relación duró poco, pero ahora es como mi cerebro, no puedo vivir sin ella. No nos parecemos, no somos almas gemelas, pero, sin duda, aporta a mi vida los sentimientos que yo esquivo.
Después de la disertación, viene lo jodido, ¿qué tipo de novia soy yo? No me hace mucha gracia que una de mis ex me encasille (aunque yo lo haya hecho). No soy capaz de englobarme en un único grupo, ni en dos, quizá un compendio de todos o de ninguno.
P.D.: Queridas y adoradas ex, por favor, si queréis encasillarme, cread un grupo nuevo, podéis usar todos mis defectos, sé que será una tarea compleja, pero lo aceptaré.

Escrito por Sara Remendada

Relato: Ella es Mía (capítulo 7)

martes, 28 de junio de 2016
Ir a:     Inicio          Capítulo 6          "Ella es Mía"

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Mía
Las últimas semanas no habían sido las mejores para nosotros. A pesar de estar pasando una de las mejores experiencias de mi vida, la vuelta de Ella había calado en nuestra relación. Marc, cada vez más distante. Ninguno de los dos decía una palabra al respecto. En casa hablábamos poco, nos tocábamos menos, pero cuando salíamos con amigos hacíamos como si nada.

No puedo culparle solo a él. Aunque no había vuelto a ver a Ella, no olvidaba que había vuelto. No podía olvidar que había vuelto por mí. Tenía momentos de éxtasis pensando en el bebé, todo iba bien, apenas tenía síntomas. Luego estaban los momentos en los que me venía abajo, pensando en todo lo demás. Empezaba a volverme loca. No podía hablarlo con nadie. Desde que empecé con Marc, había abandonado bastante a mis amigos, la relación con Javier ya no era la misma, Paula y María habían encontrado pareja. Sinceramente, después de haberme distanciado, me daba vergüenza llamar para contar mis penas.

A mi madre tampoco le contaba gran cosa, la mujer enseguida empezaba a preguntar, y sacar sus propias conclusiones. La verdad, es que pocas veces se equivocaba. Estaba contentísima con lo de ser abuela, así que yo le demostraba que todo estaba bien, y ella contenta.

Llegó el primer aniversario con Marc. Para mi sorpresa me dijo que me invitaba a cenar. Me gustó la idea. No sólo no había olvidado nuestro día, sino que además íbamos a celebrarlo. Me puse las mejores galas que encontré en el armario, que aún me cabían. De camino al restaurante no mantuvimos una conversación de más de dos frases, cada vez que le preguntaba me contestaba con monosílabos. La noche no pintaba muy animada.

- Mía, esto no funciona.

¡Qué frase tan típica! Lo tenía por un chico más original, y si era para dejarme, se podría haber currado más el discurso.

- Los dos lo sabemos. Desde que volvió mi hermana, has cambiado mucho.
- ¿Desde que volvió tu hermana? ¿No puedes pensar que ha sido desde que sabemos que vamos a tener un bebé? No sé qué me quieres decir. Bueno, me lo imagino, porque no estás siendo muy original. ¡Has elegido el mejor día, eh!
- Sí, claro que pienso que el embarazo te ha afectado. Pero creo que no tanto como que Ella esté por aquí.
- Pero ¿por qué hablas sólo de mí? ¿Y tú?

La conversación cada vez me estaba cabreando más. Me había sentado como un jarro de agua fría. Ya veía como estaban las cosas, pero no me esperaba la conversación. No entonces, no así. Los dos habíamos cambiado, pero solo me culpaba a mí. No tenía muy claro adonde quería llegar con lo que me estaba diciendo.

- He pensado que lo mejor será que me marche de casa. Al menos durante un tiempo. La situación cada vez es más incómoda para mí y…
- ¿En serio me estás diciendo que me vas a dejar? ¿Embarazada? ¡Porque estás incómodo! Pero ¿qué clase de cabrón eres tú?

Sabía que estaba empezando a dar la nota en el restaurante, pero no me podía creer lo que me estaba diciendo. Antes de seguir hablando vino un camarero, nos llamó la atención, y pidió que no hablásemos tan alto. Era un restaurante bastante bueno, las parejas normalmente iban a celebrar su amor, no a romperlo.

Nos disculpamos. No estaba segura de poder controlarme, me hervía la sangre, así que me levanté y me fui. Dudaba sobre qué era lo que más me estaba enfadando si que me dejara, que nombrara a Ella o que pasara del embarazo.

- No voy a pasar del bebé. Es nuestro hijo, no tengo intención de desaparecer de su vida, ni de la tuya. Pero creo que últimamente ya no somos nosotros. Te noto ausente.
- Eso es lo que tú crees, y has tomado una decisión unilateralmente. Podríamos haber hablado de lo que pensabas, que aún no tengo muy claro que es. O de lo que pensaba yo. Pero no. Has ido por el camino fácil.
- ¿Fácil? ¿Crees que ha sido fácil tomar esta decisión y decirte esto?
 Creo que ha sido más fácil que afrontarlo como adultos.

Me fui, pensando que vendría tras de mí. Pero no. Tampoco vino a dormir esa noche a casa. Parecía que iba en serio. Decidí no llamarle, esperar que se calmara un poco la situación, y yo.

Al día siguiente le mandé un mensaje.

“Esto va en serio? No vas a volver a casa?”

“Te dije que lo había pensado mucho. Así podrás pensar en lo que quieres de verdad”

“Qué quieres decir?”

No me volvió a contestar. No sabía que quería decir con eso. ¿A caso insinuaba que quería otra cosa que no fuera lo que teníamos?

Me fui a casa de mi madre. Me recordó el día que fui después de que Ella se marchara. Empecé a explicarle lo que estaba pasando, cada vez me encendía más. No le encontraba sentido a nada, cuando atisbaba alguna razón, me indignaba que no lo hubiéramos hablado, y hubiera tomado su decisión, sin más. Mi madre escuchaba atenta, pobre mujer, no me interrumpía, ni siquiera quiso calmarme, dejó que me desahogara. Cuando me empezó a faltar el aliento, y ya no tenía ni pies ni cabeza lo que decía, me interrumpió.

-  Mía, ¿es que aún la quieres?

Siempre había tenido a mi madre como la voz sabia que a mí me faltaba. Era la que me ponía los pies en la Tierra, y en orden mi desorden. Pero ahí estaba muy equivocada. Por supuesto que lo estaba.

- ¡Mamá yo no la quiero! Bueno, sí que la quiero, pero no como antes. Ahora todo es diferente. Ahora quiero lo que tengo. Lo que voy a tener con Marc.
- ¡Pero no te pongas así, mujer! Es que parece que ha sido volver ella, y volverte loca tú.

Le dije que no quería seguir hablando. No insistió. Empecé a odiar a Ella por haber vuelto y haberme puesto la vida patas arriba. No dejaba de pensar en “lo que quieres de verdad”, “¿la quieres?”. ¿A caso no estaba claro que era lo que quería? Iba a tener una familia, tenía una relación estable, lo que había deseado desde siempre, no podía pedir más. En las últimas semanas me repetía mucho eso.

Marc y yo estuvimos unos días sin vernos. Reconozco que me fue bien el respiro. En casa no se respiraba la tensión de los últimos tiempos, yo estaba más tranquila, incluso Grey estaba más tranquila. Los días sola, el no trabajar, me dieron para mucho, para pensar, lo que más.

Ella y yo habíamos intentando dejar la relación muchas veces, unas por discusiones, otras porque cada una quería cosas diferentes. Pero siempre volvíamos. ¿Por qué esa vez fue diferente? Las dos supimos que lo era, pero no conseguía descifrar el por qué. Nunca me había gustado reflexionar sobre el pasado. Casi siempre lleva a arrepentimientos, a “y si”…pero quería organizar el caos sentimental en el que me estaba hundiendo.

La verdad era que nunca había querido a Marc como la había querido a ella. Y desde que había vuelto, yo no era la misma, sin querer se colaba en mis pensamientos. Recordaba el beso que nos habíamos dado. No se me quitaban las ganas locas que tenía de abrazarla y decirle que para mí también tenía todo más sentido a su lado. Muchas veces pensé en llamarla, pero aún no tenía muy claro que era lo que le quería decir. Lo más probable es que hubiera cambiado de opinión respecto a nosotras. Ella no tenía instinto maternal, mucho menos si era el hijo de su hermano. Cuanto más lo pensaba, más cuenta de me daba de que mi vida se había convertido en una telenovela digna de la sobremesa. Si me hubieran preguntado en la adolescencia, cómo me veía con 30 años, ni siquiera me podría haber acercado a lo que tenía. Por aquel entonces, no hubiera acertado ni con el bebé. Por entonces, pensaba que las lesbianas solo podríamos adoptar. Por supuesto, tenía muy clara a que etiqueta pertenecía yo: lesbiana 100%. ¡Qué inocente era! Aunque una vez leí que poner etiquetas es una necesidad de nuestro cerebro. Supongo que con tantas cosas por gestionar, mejor tenerlo todo ordenado.

Mi vida personal estaba en modo montaña rusa. No tenía vida profesional porque estaba de vacaciones, así que pasaba las horas intentando mantenerme ocupada. Javier me llevó a cenar. Me llamó él. Me alegré muchísimo de que no me pidiera explicaciones ni me echara nada en cara. Fue encontrarnos y como si los meses no hubieran pasado. Me ayudó hablar con él, me relajó.

- Cariño, si tú ahora tienes otra prioridad en tu vida, olvídate de Ella y de Marc. Bueno, con Marc me refiero a como pareja. Es momento de estar tranquila, y lo que hagas estará bien, si es lo que sientes. Te espera un gran cambio, te tienes que preparar.

Me prometí hacerle caso. Iba a dejar pasar el tiempo, no quitarme el sueño con nada que no fuera mi vejiga presionada a media noche. Todo lo tenía bajo control, entonces, organizamos una cena, como en los viejos tiempos, Javier, María, Paula y yo.

¡Cuánto los había echado de menos! Lo pasábamos genial juntos, todo era fácil. En una de las veces que Javier y María salieron a fumar, Paula me dijo:

- He estado viendo a Ella. Está intentando superarte, pero creo que no lo está llevando muy bien.
- Paula, no me digas eso. Estoy intentando estar tranquila.
- Perdona. No quería…sólo pensaba que debía decírtelo.
- El hecho de que esté esperando un hijo, de su hermano, seguro que se lo pone más fácil.
- La verdad es que no.
- ¿Qué quieres decir?
- Me has dicho que no querías…
- ¡Explícate!
- Pues piensa que le encantaría formar una familia contigo, que si las cosas hubieran ido diferente…

Me quedé callada. Entraron Javier y María, y no tenía ganas de hacer un debate con el tema. Pero ya no pude dejar de darle vueltas a lo que me había dicho. Pensar que Ella me odiaba y me estaba olvidando, me lo ponía más fácil a mí. Ahora volvía a complicarse todo.

Me empezaba a agotar la situación. Lo que me había dicho Paula me había trastocado, no esperaba que Ella siguiera en ese punto. Pero Marc era el padre de mi bebé. Mentalmente no paraba de hacerme listas de pros y contras de cada uno.

Ella: era la mujer de mi vida, nunca había querido tener familia, nos entendíamos perfectamente, le costaba comprometerse…

Marc: me había dado estabilidad, a veces no hablábamos el mismo idioma, me quería, no le quería como a Ella…

Después de darle muchas vueltas, tomé una decisión. No sabía si era la correcta, no estaba segura al cien por cien, pero casi nunca lo estaba de nada. Me daba miedo equivocarme, temía que yo me estuviera montando mi película y no obtuviera lo que esperaba de la otra parte. Pero me lancé.

“Hola. Te gustaría quedar?”

No contestaba. Pasaban las horas y no contestaba. Cuando ya me di por vencida:

“Te paso a buscar, y cenamos?”

“Vale”

Sentí ese cosquilleo en el estómago como si fuera a tener una primera cita. No tenía muy claro por qué, nos conocíamos demasiado. Me metí en la ducha, sabía que tenía tiempo, no le iba la puntualidad. Dejé el agua caer e intenté relajarme. Sabía lo que quería decirle, lo había pensado mucho, lo iba a hacer. Pero no dejaba de dar vueltas a todas las posibles reacciones por su parte.

No me puse mis mejores galas, no quería que pareciera nada serio. Sonó un mensaje en el móvil.

“Ya voy”

Acabé de prepararme y bajé a la puerta. Por más que lo intentaba no podía dejar de estar nerviosa.

-  Estás muy guapa.
- Gracias. Tú también.
- ¿Guapa?
- Guapo. Estás muy guapo.
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@MamaoMami


Esa persona

lunes, 27 de junio de 2016
Y es que siempre esta ahí esa persona. Corriendo por tu cabeza sin pedir permiso, haciéndote recordar cada momento, cada recuerdo.

Antes de dormirte, recordarás aquel beso, ese en el que te olvidaste de todo para sentirlo todo. Para empezar a ser libre, y como no, recordar también aquellos abrazos, aquellas sonrisas donde no importaba nada más que vosotras dos.

En ese momento, te darás cuenta que ya no quieres mirar otros ojos, otra sonrisa, ni besar otros labios. Te darás cuenta que sus manos están echas para encajar con las tuyas,  y unidas encajan como la última pieza que completa el puzzle. Que entre todos esos gustos raros tuyos está ella. Que su forma loca de ser, te encanta, que es compatible con la tuya, y que cuando menos piensas, cuando no te das cuenta, ya estas enamorado hasta de las letras de su nombre, hasta los huesos. Esa persona que con solo escuchar su nombre, tu piel se eriza. Que su olor te parece mejor que cualquier campo de flores, y se convierte en tu perfume favorito. Esa persona que te saca una sonrisa con tan solo un mensaje. La que quieres ver a diario. Con la que intentarás ser mejor día a día, solo para verla feliz, y no porque ella te lo pida, sino porque no encuentras algo mejor que ver que su sonrisa, y que esa sonrisa sea gracias a ti, gracias a que consigues hacer algo bien, aunque sea simplemente el tonto para ver su sonrisa. Esa persona, es aquella en la que pensaste al leer esto y en la misma que piensas en cada despertar.

Es en esa persona, en la que pienso ahora mismo, para escribir todo esto.

Escrito por @srtadesquiciada

Receta: Ensaladilla rusa

sábado, 25 de junio de 2016

Ingredientes:
4 patatas
2 zanahorias
3 huevos
150g de guisantes cocidos
200g de bonito en aceite
1/2 libro de mahonesa
Agua, sal

Para decorar:
Lechuga
Huevo cocido
Gambas cocidas
Aceitunas
Pimiento morrón
Patata azul

Preparación:
Pon a remojo la lechuga y después pasa cada hoja bajo el grifo.
Pon a cocer las patatas con piel, los huevos enteros y las zanahorias peladas en una cazuela con abundante agua. Deja que se enfríen, pela las patatas y los huevos, reservando la patata azul y un huevo para decorar.




Trocea todo en cuadraditos pequeños y colócalos en un bol grande. Sazona. Agrega el bonito desmigado y los guisantes cocidos.
Mezcla todos los ingredientes, añade la mahonesa y sirve en una fuentes amplia. Decórala a tu gusto con unas tiras de pimiento, aceitunas, la patata azul, el huevo, las gambas y las hojas de lechuga cortada en juliana fina.



Consejo:
Si no tienes mucho tiempo para cocina y quieres que las patatas se cuezan más rápidamente, solo tienes que pincharlas con una aguja "gordita" antes de meterlas en el agua, de esta forma tardarán la mitad de tiempo.

Arwenundomiel

Fuente: Cocinando con Karlos Arguiñano

Figura paterna

viernes, 24 de junio de 2016
Ayer, miraba cómo mi hijo se reía con su abuelo, es un niño muy risueño, pero la verdad es que no hay hombre que se le resista, no sé si será la testosterona o el qué, pero parece que tiene debilidad por ellos.

Mi mujer y yo somos personas sociables, nos relacionamos con la familia, tenemos amigos, sin contar que vivimos en una sociedad repleta de hombres por doquier, por esa parte creo que mi hijo tendrá el ejemplo masculino cubierto, y además tendrá dónde elegir.
Pero pensé: ¿será verdad que los bebés necesitan una figura paterna

A lo que concluí: ¿Qué es la figura paterna? ¿Es la persona que trabaja para alimentar a la familia? ¿La persona que ve el futbol en casa¿La persona que impone disciplina¿La persona a quien le gustan las mujeres

En casa hay dos personas que trabajan para mantener a la familia, a una que le gusta el futbol, la disciplina...cuando toca, y nos gustan las mujeres.



Creo que en los tiempos en los que vivimos, esto de las figuras paternales está sobrevalorado. Quiero que mi hijo crezca sabiendo que los hombres y las mujeres no somos iguales, la biología me da la razón, pero sí debemos tener las mismas oportunidades, derechos y deberes. 

Si un hombre trabaja, una mujer también; si una mujer cocina, un hombre también; si un hombre sale con sus amigos, una mujer también...

Me parece que los bebés lo que necesitan son figuras ejemplares, figuras que les quieran, les cuiden y les apoyen. A las que admirar y sentirse orgullosos. Y eso, intentamos, mi hijo lo tiene.
Escrito por @MamaoMami

Relato "Un café y un polvo" Parte 11 (Capítulo 35)

jueves, 23 de junio de 2016
Ir a:     Inicio          Capítulo 34       "Un café y un polvo"



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PARTE 11. ME QUEDARÉ HASTA QUE TUS OJOS ME PIDAN QUE ME VAYA.
CAPÍTULO 35. LA VELOCIDAD DE UN SEGUNDO.

En el capítulo anterior os pedí que esperaseis una semana más para daros una explicación, os doy las gracias. La explicación es fácil, en esa canción se encierran dos almas increíblemente fuertes (y alguna que otra más). Una de ellas, la de Bach, os dejo por aquí las palabras de James Rhodes, porque lo explica mucho mejor que yo:
"Cuando tiene cuatro años, sus hermanos más próximos mueren. A los nueve fallece su madre, a los diez también su padre y se queda huérfano. Lo mandan a vivir con un hermano mayor que no lo soporta, que lo trata de culo y no le deja centrarse  en la música, que tanto le gusta. En el colegio lo acosan de forma tan continuada que acaba faltando más de la mitad de los días para evitar las habituales palizas y otras cosas peores. De adolescente recorre varios cientos de kilómetros para estudiar en la mejor escuela de música que conoce. Se enamora, se casa, tiene veinte hijos. Once de estos vástagos mueren muy pequeños o al nacer. Su mujer muere. La muerte lo rodea, lo atrapa.
Mientras todos sus conocidos fallecen, él compone para la Iglesia y la corte, da clases de órgano, dirige un coro, compone para sí mismo, enseña a componer, toca el órgano, oficia servicios religiosos, da clases de clavicordio y, en general, curra como un auténtico hijo de puta. Compone más de tres mil piezas musicales (...) No puede recurrir a programas de doce pasos, psicólogos ni antidepresivos. No se dedica a quejarse como un capullo y a pasarse el día viendo la tele mientras bebe cerveza Special Brew.
(...)
Cuando murió su mujer, el gran amor de su vida, compuso una pieza musical en su memoria. (...) Es una puta catedral musical erigida para recordar a su mujer, la torre Eiffel de las canciones de amor. Y el punto culminante de esta partita lo constituye el último movimiento, la chacona. Quince minutos de desgarradora intensidad en la conmovedora clave de re menor.
Imaginad todo lo que os gustaría decirle a alguien a quien queréis si supierais que va a morir, hasta las cosas que no podéis expresar con palabras. Imaginad que condensarais a todos esos sentimientos y emociones en las cuatro cuerdas de un violín, que las concentrais en quince minutos llevados al límite. Imaginad que de un modo u otro descubrieseis la forma de cosntruir todo el universo de amor y dolor en que existimos, que le dieseis forma musical, que lo pusieseis negro sobre blanco y se lo regalaseis al mundo. Eso es lo que él logró, con creces, y todos los días esta pieza basta para convencerme de que en el mundo existen cosas que son más grandes y mejores que mis demonios." (James Rhodes)
La otra alma es el propio James, que tocaba la chacona en el enlace que os pasé. Su biografía está en un libro que recomiendo cada segundo de mi vida, Instrumental. Para mí es una auténtica historia de superación. Para hablar de James dejaré la parte de atrás de su libro, no hace falta más.
"Me violaron a los seis años.
Me internaron en un psiquiátrico.
Fui drogadicto y alcohólico.
Me intenté suicidar cinco veces.
Perdí la custodia de mi hijo.
Pero no voy a hablar de eso.
Voy a hablar de música.
Porque Bach me salvó la vida.
Y yo amo la vida"
(James Rhodes)

De nuevo, creo que no hay nada más que decir. Y con esto, me despido de vosotras y vosotros, hasta septiembre. Espero que os guste el último capítulo de la temporada. Después de la explicación de dos historias maravillosas de superación personal que quería dejaros por aquí.´

P.D: Sé que soy una pesada, pero os dejo el enlace por aquí de nuevo. ¡Hasta septiembre!

https://youtu.be/pZ82pECqiUg
                                                                                              Buzzys.



ALBA
Que de recuerdos me traía esta cabaña. Recuerdos cuando aún me enteraba de lo que sucedía a mi alrededor y podía prestar atención a los detalles. Otras muchas veces, solo sé que estuve, punto.
No había cambiado nada su decoración. En una primera visual, me había trasladado a cuando estaba que me moría por Cati. Creo que lo hicimos en cada rincón de la casa. No dejamos un hueco donde no nos pusiéramos a follar como locas.
Ahora volvía a estar allí, con ella, con esos recuerdos, pero esos sentimientos ya no existían. La odié durante muchos años pero, con la confesión de antes, ahora era diferente. Ella huyó de mí, como lo estaba haciendo Martina ahora. No era ella el monstruo, la destrucción en persona. Era yo ese monstruo. Martina y Cati cuchicheaban en la cocina, mientras una removía una cosa en un bol y la otra lavaba lechuga.
-¿Qué haces ahí quieta como un pasmarote, Alba? Haz algo. Siempre has sido una vaga - bromeó Cati, tirándome un paño de cocina a la cara.
-Lo que debes hacer, es ponerte algo encima.
-En realidad,- intervino Martina.- Estábamos hablando precisamente de eso, y ya que es su casa y sus normas. Y el trato era estar desnudas. Creemos que eres tú a la que le sobra la ropa.- dijo levantando una ceja y quitándose la camiseta que llevaba, quedando ambas desnudas delante de mí, sonriéndome.
- Lo ves, Alba. Hasta Martina lo ha entendido. Y si es porque te escandaliza ver mi cuerpo, te recuerdo que lo has visto millones de veces.- Martina se giró y siguió removiendo. Vi como se había mordido el moflete, siempre lo hacía cuando algo le disgustaba. Me gustaba verla así. Esta niña no sé como lo hacía pero todo, hasta sus disgustos, me gustaba. La vi desnuda y mi cuerpo se estremeció y dejé de mirarla porque sé que mis ojos eran unos miserables chivatos. Mis ojos se posaron en el cuerpo de Cati, descendiendo hasta llegar a su entrepierna - Sí, Alba. Me lo depilaba para ti. Sé que no te gusta con pelos pero… ya he visto que Martina lo tiene como a ti te gusta - Esta mujer no cambiaría jamás. Martina removía más rápidamente lo que había en el bol, y cambiaba el peso de su cuerpo de un pie a otro.
-Tía, cállate ya. Joder. Estás poniendo a Martina de los nervios. Mírala, que no sabe donde meterse - comencé a reírme.
-Estoy bien. - contestó secamente.- Ahora vengo.- Salió de la cocina, dejando el bol en la encimera. Y a los dos segundos escuchamos cerrarse la puerta de la cabaña.
- La has cabreado, Cati.
-¡Qué va, Alba! No la protejas tanto, sabe lo que se hace. ¿Sabes, Alba? Conozco esa mirada tuya. La conozco pero que muy bien. No le hagas daño.
-¿De qué coño estás hablando?
-Pues que no quiero que pase por lo mismo que pasé yo contigo. Estás hasta los huesos por ella...- No pudo terminar, en ese momento se oyeron unos golpes en la puerta; Martina debía haberse dejado las llaves.
-¿No le has dicho que hay una llave debajo del farolillo de la entrada? Todavía no te ha dado tiempo - le hice burla - Voy, Martina - me dirigí hacia la puerta - Por cierto, no me gusta una puta mierda el rollito que hay entre vosotras...- Abrí la puerta. Una chica rubia de ojos totalmente azules, me miraba sonriendo. ¿Elena?
- Hola, Elena. ¿Que coño haces aquí? - miré a Cati sorprendida.
-Alba, yo también me alegro de verte.- Elena me besó en los labios.- Me ha llamado ella.- Se metió en la casa.
-Cati, ¿para que coño le has llamado?
-Para hacer un trío con Martina- me guiñó un ojo mientras salía de la cocina a saludar a Elena, su mejor amiga - ¿Tú eres tonta, Alba? ¡Que me ibais a dejar de sujeta velas!
-En serio, no sé ni cómo te aguantaba, ni como te aguanto ahora.
-Bueno, pues ya puedes irte con la camarera. Yo me quedo con mi Cati.- dijo Elena mientras empezaba a desnudarse.
-¿También conoce a Martina?
-Alba, cariño, que ella sigue virgen. Hazme el favor y vete tras ella. Estás manchándome el parqué con tus babas - Elena empezó a reír a carcajada al oír el comentario.
-¡Capulla! Voy a buscarla.

Miré a mi alrededor. Se veía bastante mal, era prácticamente de noche y apenas quedaba un mínimo de luz que consiguiera iluminar dónde colocaba el pie. No encontraría a Martina en horas. Mis ojos no tardaron ni cinco minutos en acostumbrarse a la oscuridad y enseguida la vi. No sé cómo no la había visto nada más salir. Estaba metida en el lago. Bañándose. Y la luna iluminaba su cuerpo desnudo. Estaba de espaldas a mí, así que supuse que no me habría visto. Sentí como mis latidos se aceleraban con solo ver su silueta. Al final, iban a conseguir que yo también me desnudara. Me fui despojando de la ropa, con cuidado para que ella no se diera cuenta de mi presencia. El agua estaba helada. Menudos cojones tenía Martina en atreverse a bañarse aquí, joder. La niñata de las narices iba a hacer que cogiera un resfriado del carajo. Si lo pensaba fríamente, tanto como esta dichosa agua, no había hecho por nadie, todo lo que estaba haciendo por ella.
-¡Me cago en todo! El agua está fría de cojones. ¡Martina! Deja de irte más hacia el puto fondo. Párate ya allí.
-Ya decía yo que tardabas demasiado en quejarte.- se giró en ese momento.- No te metas anda, ya salgo.- Se zambulló y desapareció totalmente bajo el agua, durante unos segundos se quedó todo siniestramente silencioso. Martina volvió a aparecer de nuevo y conseguí que mis pulmones volviesen a respirar. Oí como ella se reía discretamente y vi que avanzaba hacia mí, tranquilamente. Me pasó de largo y siguió hacia la orilla, donde había dejado una toalla. Envolvió su cuerpo en ella y me miró fijamente.- ¿Vas a seguir mirando o sales del agua?
-Salgo ¡Qué cojones! - corrí hacia la orilla. No sentía los pies ni las piedras que pisaba. Terminaría haciéndome un esguince como no tuviera cuidado.- ¿Cómo coño soportas el agua a menos 40º que debe estar este maldito lago?
-Mira que eres exagerada. Creo que es una sensación bastante placentera… Me gusta el frío.
- Follar es placentero. Esto es una puta tortura china.- ella rió.
-No. Follar es placer. Esto... es placentero. Un beso es placer. La caricia de un rayo de Sol, placentero. Es diferente.
- Déjate de gilipolleces poéticas que me estoy helando.
- No son gilipolleces. Mira.- se acercó a mí y se colocó a mi espalda. Sentí la caricia de su mano recorrer mi espalda y abrirse camino entre mis piernas. Sus dedos rozaron mi clítoris ligeramente.- Esto es placer.- susurró a mi oído. Quitó la mano y me envolvió en la toalla, abrazándome por la espalda.- Esto, placentero.
-Será todo lo placentero que te dé la gana. Pero a mí me has puesto como una bestia parda- me di la vuelta para mirarla a los ojos - No provoques, Martina. Que puedo ser muy burra.
-No provoco, solo te informaba.- se separó y eché de menos el calor de su cuerpo.- Y me gusta cuando eres tú, y no el perrillo que te han vuelto.- Me guiñó un ojo y andó hacia la zona de árboles y césped, fuera de la arena.
-¿Por qué eres tan tocapelotas? Antes no gustaba, ahora tampoco. ¿Qué coño quieres?¿Dime? Porque no me entero, joder - fui tras ella mientras le gritaba.
-Yo nunca he dicho que no me gustaras. Por cierto… - vi que dudaba en algo. Se calló y siguió andando.
- Por cierto... ¿qué? ¿Dime que quieres?- ella se giró a mí.
-Cati me ha dicho que me enseñes el rincón de este sitio. ¿Sabes a qué se refiere?
- La Cati es la polla, en serio. - Comencé a reír - Sí que lo sé. ¿Quieres que te lleve a verlo?
-Claro que quiero... - se acercó hacia mí.
- No es tan poético, como las gilipolleces que dices tú pero...
-Yo no digo gilipolleces, lo que pasa es que tú no sabes entenderlo.- me guiñó un ojo.
-Mira, niñatilla. Solo entiendo que cuando me tocaste…- ella se había acercado totalmente a mí y pegaba su cuerpo al mío, lo que hacía que nuestras pieles desnudas se acariciasen sin dejar que el aire se interpusiera entre nosotras. Sus labios rozaron los míos, y antes de que pudiese reaccionar, ella ya me estaba susurrando al oído.
-Te he echado de menos.
-Nunca quise hacerte daño. - le susurré a ella - Y ahora sé que hago daño a todo el mundo. No quiero dañarte.- ella sonrió y recogió un mechón que me caía sobre la cara. Acercó sus labios y noté como su lengua se abría paso entre mis labios entreabiertos.

LUCÍA
Mi tía había abierto la puerta a Manu y había pedido perdón por mi conducta. No sé por qué, porque yo no me arrepentía de nada. No sabía ni para qué había venido. Yo había subido a cambiarme el camisón por un vestido verde que se me ceñía al cuerpo por el pecho, y luego se abría ligeramente, de tirantes. Con aquel vestido había visto por primera vez a Martina en casa de Alba. Me había soltado el pelo y había dejado que los rizos me cayeran por la espalda. Cuando bajé, vi en la cara de Manu que había logrado lo que pretendía conseguir y sonreí para mí misma. La cena se había pasado con mis tíos haciendo un interrogatorio a Manu. Y se me había hecho eterna. Yo no había intervenido en ningún momento, como mucho me había encogido de hombros en algún momento concreto. Y por fin, habíamos llegado al postre donde yo removía las natillas sin mucho ánimo.
-¿Te las mas a comed?- Almu me miraba con la carita sonriente y la cuchara preparada para meterla en mi plato. Negué con la cabeza y enseguida hundió la cuchara en mis natillas y se la metió en la boca.-Mmm… la tía laz hace riquízimas.
-Gracias, cariño. Pero no comas más. Esas natillas son de tu hermana. Tú ya te has comido las tuyas y te va a doler la barriguita como sigas comiendo. - mi tía le intentó quitar la cuchara.
-Ez que eztán tan ricas que ce parecen a laz de Boo.- dijo huyendo de las manos de mi tía y volviendo a hundir la cuchara y llevársela a la boca. Sonreí disimuladamente. - Mamá nunca hacía laz natillas, podque mami solo le pepadaba comida a papá.- se hizo un silencio incómodo y mi tía y yo nos miramos a los ojos.
-Me lo imagino, Almu. Mamá siempre cuidando de tu papá. Ella es así.
Tras decir eso, se levantó y comenzó a recoger los platos.
-Ez que zi no la caztigaba. Y luego llodaba. Yo tambén hadía eso.- miré hacia el plato y me mordí el moflete, odiaba que a Almu le pareciese algo tan natural. Y a la vez, sabía que ella sufría con aquello. Siempre que él llegaba a casa, Almu desaparecía y luego volvía con lágrimas en los ojos. Sabía que aquello no tenía que ocurrir, pero que ocurría. Miré alrededor de la mesa, todos se habían quedado congelados y Manu me miraba fijamente.
-Venga, Almu. Vete a jugar. Lucía , por favor, ayúdame a terminar de recoger.- me levanté de la mesa y le quité el plato de natillas que ya se había terminado Almu.
-Le ayudo yo también, señora- Manu quiso colaborar también.
Terminamos rápidamente de recoger la mesa. Todos nos habíamos levantado de la mesa como huyendo del diablo, y así habíamos dejado todo impecable enseguida. Almu había raptado a Manu rápidamente y se lo había llevado al salón. Mi prima pequeña se había subido a dormir. Y mi otra prima había ido a hablar por teléfono. Mi tío se había encerrado en el despacho, como siempre. Y yo miraba por la ventana mientras terminaba de limpiar el último plato y mi tía guardaba lo que había sobrado.
-Lucía, vuelve al salón con Manu. Ya termino yo aquí. No lo dejes solo con Almu que puede volverlo loco con sus preguntas.
-Hannah.- me giré hacia mi tía.- No vuelvas a decirle a Almu lo que le has dicho en la cena. No quiero que le hables de mi madre así.
-¿Así cómo? Creo que no dije nada incorrecto.
-Diciéndole que solo cuida a mi padre. No es cierto. Y no quiero que ella crezca pensando que su madre es una cobarde. No lo es.- salí de la cocina dejando a mi tía con la palabra en la boca.
-¿Tú ténes mamá?- me quedé apoyada en el marco de la puerta del salón, mirando como Almu interrogaba a Manu. Ninguno me había visto entrar. Sonreí.
- Sí que tengo mamá… y papá también.  Pero ¿sabes una cosa, chiquitina? No tengo una hermana tan guapa como la tuya - Manu le hizo cosquillitas a Almu y ella rió como una loca.
-Es que Boo se padece a mami. Yo me padezco a Alma.
- Es Alba, peque.- dije mientras me acercaba a ellos y me sentaba junto a Almu en el sofá.
-Pod eso.- dijo la enana, mirándome confundida.
- Pues si Alba se parece a ti, debe ser preciosa. Tienes unos ojos muy bonitos. Sois todas muy guapas. ¿Qué hace un orco feo y malo, como yo, en medio de tanta belleza? - se puso a hacer gestos con la cara intentando poner cara de… ¿orco? ¿Qué cara tiene un orco?
-Menudo pez lota.- Almu se reía a carcajadas.
-Eso. Menudo pelota.- dije, mirando a Manu, burlona.
- Yo también te quiero, boba - me guiñó un ojo.
-¡Bobo, tú!- saltó Almu rápidamente, frunciendo el ceño. Oculté una sonrisa, a ver qué hacía para librarse del genio de la pequeña.
- ¡Vaya perro bulldog que tienes defendiéndote, Boooooo! - se burló entre risas. Almu se quedó pensativa mirándole, todavía con el ceño fruncido y con la manita cerrada en un puño.
-Mmm…- dijo mirando a Manu.- vedás… ez que azí zolo puedo llamadla yo.
- ¿Y no me vas a dejarla llamarla así también? ¿Porfa?
-¿Edes su hedmano peteño?
- No.
-Poz ya eztá.- Almu asintió como si hubiera resuelto un caso diplomático, y se volvió a sentar en el sofá.
- ¡Vaya genio tiene la chiquitina, dios mío! - se dirigió a mí con una sonrisa.
-Y no la has visto, aún.- dije sonriendo. Era el pequeño clon de Alba.
-¿Fubamos a la pelota?- Almu me dio unos golpecitos en el brazo.- El pofesor es amurrido…- esta vez fui yo la que estallé en carcajadas, sin poder controlar la risa ante las palabras de Almu y la cara sorprendida de Manu.
- ¿Yo? ¿Aburrido? ¿De qué te ríes tú, Lu? Vaya dos. - se acercó a mi oído - Me encantas cuando te ríes - susurró.
-Manu, no puedes ser más moñas.- dije acariciándole la mano que tenía más cerca de mí.
- ¡Qué romántica eres! Parece que no te gusta cuando te dicen cosas bonitas.
-¿Ya le has degalado flodes?- Almu se coló entre nosotros para recuperar el foco de atención, cosa que le agradecí en esos momentos.- En las pelis, loz novioz ce regalan flodes.
- Sí. Pero creo que no le gustan las cosas moñas. Vamos, que no le gusto ni yo. Soy profesor, aburrido y moñas.
-Ya…- dijo Almu, mirándole como cuando miraba a los perritos por la calle..- Zi le regalaz flodes a lo mejor ya no pienza en lo amurrido que eres.
- No creo que esa sea la solución, chiquitina.
-A Boo le bustan muchísimo las flodes… las monitas, clado. Las malas no, podque le recuedan a…
-¿Tú no deberías ir a dormir?- le corté.
- Eso. Las niñas guapas se duermen temprano para no ser aburridos y feos como los profesores - se inclinó para darle un beso a Almu en la frente. Y ella se apartó rápidamente, se levantó del sofá y me miró.
-¿Me acompañaz?- asentí.
-Dame dos segundos, Manu.

No tardé ni diez minutos en volver. Almu estaba agotada y en esos momentos era fácil que se durmiera en cuanto su cuerpecito tocaba el colchón. Aquello siempre me había dado paz.
-Lo siento.- dije sentándome en el sofá que estaba en frente de dónde él se encontraba.
- ¿Qué sientes?
-Haber tardado.- en realidad había mil cosas más que sentía. Por ejemplo, la cena tan tensa que habíamos tenido y gracias a la cual se había enterado de porqué vivía con mi tía.
- No pasa nada, tranquila. La pequeña es lo primero. Es un encanto de niña pero, vaya minigenio que tiene la jodía.
-Sí, te lo admito, tiene sus puntos de complicación. Como todo lo que vale la pena.- sonreí.
- Lu, ¿salimos a dar un paseo? No quiero molestar más en casa de tus tíos.- me quedé pensándolo. Solo eran las diez y media de la noche. Asentí.
-De acuerdo - Manu se levantó inmediatamente al oír mis palabras, esperándome a mí. Parecía que tenía prisa por salir de esta casa, algo que entendía perfectamente.
Salimos a la calle, y la brisa fresca de la noche se me coló por el cuerpo, debajo del vestido. Suspiré de placer.
-¿Hacia dónde?- le miré.
- Ven. Tengo una sorpresa para ti - me cogió de la mano y tiró de mí. Le seguí sorprendida. Cuando llevábamos unos minutos andando, no pude contener más mis dudas.
-¿A dónde vamos?
- Si te lo digo ya no es sorpresa. Es muy típica la frase, lo sé, pero me gustaría que fuera eso… una sorpresa. Ya metí la pata hasta el fondo hoy, déjame arreglarlo, Lu.
-Estás loco…- dije seriamente.-¿Falta mucho?
- Confía en mí, porfa.- hizo una pausa.- Lu, a ver… Yo no me enfadé porque tú no fueras… bueno… Que no me enfadé porque ya lo hubieras hecho con otro. Es que yo soy imbécil y un gilipollas y me entró… no sé si llamarlo ¿miedo? - me miró avergonzado esperando quizás alguna respuesta por mi parte.
-Y ahora me quieres asesinar. Es eso ¿no?- le sonreí.
- Sí. Algo así. Pero que sea lentamente para poder gozar del momento - se le dibujó una leve sonrisa.
-Idiota.
- Te quiero.- sonreí y rocé sus labios suavemente con los míos.

MARTINA
Alba me había llevado al espacio que me había dicho Cati. En cuanto lo había visto me había quedado embobada, mirándolo. Era un embarcadero, dónde había un enorme colchón con sábanas blancas y un edredón blanco. El agua estaba increíblemente tranquila esa noche y los árboles creaban una especie de refugio en aquel sitio. Me había quedado impresionada. La luna se reflejaba en el agua e iluminaba toda aquella escena, lo que la hacía aún más maravillosa, si aquello era posible. Avancé hacia el colchón sin mirar a Alba y me senté, mirando hacia el lago.
Había tanta paz en aquel lugar, me sentía tan cómoda… Noté como las lágrimas empezaban a resbalar por mis ojos y se deslizaban por mis mejillas, cayendo a mi piel desnuda y a las sábanas blancas. Tenía demasiado estrés últimamente en el cuerpo. Estrés al que no había prestado atención hasta que me había sentido relajada en aquel sitio, por primera vez en meses. Y ahora… ahora parecía que todos esos nervios, ese estrés… se fugaba de mi cuerpo en forma de lágrima.
Alba se sentó a mi lado. No dijo nada. Sus dedos se entrelazaron a los míos con fuerza, mientras ambas mirábamos a ese inmenso lago, dejándonos absortas. Sentí como se juntó más a mí y me dio un leve empujón de hombros.

- No empieces con mariconadas de lloriqueos y esas gilipolleces - su tono era divertido, intentaba animarme, aunque sus palabras no eran las más acertadas. Pero Alba era… Alba. Sonreí.- Este rinconcito está de puta madre.
-Tú siempre tan suave.- me sequé las lágrimas con la mano derecha, la que ella me había dejado libre al entrelazar nuestros dedos.
- Es que eres tonta, coño. ¿Por qué lloras? ¿No te gusta esto? El lago, la luna, este pedazo de colchón, estar desnudas en la naturaleza, yo… - levantó repetidamente las cejas haciendo hincapié en el “yo”.
-Justo.- dije sonriendo.- Tú. Menuda tontería acabas de soltar.
- ¡Serás capulla! Yo no digo tonterías, niñata. Digo verdades como puños - me enseñó el puño con su mano libre y al estar magullada por los terribles golpes de antes, la escondió de inmediato. No quería que me diera cuenta de ello.
-Qué verdades ni qué verdades… Eres como una niña pequeña.- reí.
- Ya… A ver… Te recuerdo que quisiste besar a una niña pequeña en el aparcamiento. O que esta niña pequeña te llevó a tu primer orgasmo. También quisiste comerme el coño en el bar - comenzó a reírse a carcajadas, yo le sonreía mientras enarcaba las cejas. - La bebida te afecta bastante. También fue la que te hizo el amor por primera vez.
-¿Ah sí?- fingí que pensaba.- Cierto.- me reí al ver su expresión y esta vez fui yo la que le di un empujoncito con mi cuerpo en su hombro.
- Ainsss. ¡Ya se te había olvidado! ¿Tan malos recuerdos son, niñata? Lo puedo hacer mejor, estaba tanteándote. Con las vírgenes hay que ir con tiento - me hizo burla.
-Ahora ponme excusas.- avancé por el colchón gateando y me tumbé boca abajo sobre las sábanas, abrazando la almohada y mirando el lago. Mientras me reía.
Un grito inundó la noche y me hizo levantarme rápidamente. Miré hacia Alba, ella también tenía una expresión de desconcierto en la cara. Un grito nuevo cruzó el cielo y esta vez no tardé en reaccionar, venía de la cabaña. Un grito aterrador, de esos que se meten en el cuerpo y te congelan la sangre en las venas. Eché a correr hacia la direccion del sonido, mientras oía como Alba venía detrás de mí.
El corazón me latía aceleradamente en el pecho y el miedo me inundaba el cuerpo, pero mis piernas se movían a una velocidad increíble, intentando llegar a la casa. Cuando divisé la cabaña, me escondí detrás de un árbol para observar y me giré, para decidir que hacíamos. Pero estaba sola. Alba no estaba detrás de mí. Miré a mi alrededor mientras el pavor y el miedo se iban abriendo paso, cada vez más, en mí.
Vi como una silueta se acercaba a la cabaña corriendo, Alba.
-¡Joder!- mascullé en voz baja.
De nuevo empecé a moverme, pero ya no corría. Iba despacio, mientras el corazón latía desbocadamente en mi pecho. Los golpes y los lloros de la casa me paralizaban, en lugar de despertarme.
Cuando me quedaban unos seis pasos para llegar, un "no" desgarrador llegó hasta mis oídos. La puerta se abrió y un hombre, tambaleándose y con un fuerte olor a alcohol bajó los peldaños de la escalera. A unos pocos pasos de mí, se desplomó sobre el suelo. Tenía un cuchillo clavado en la parte trasera del cuello. La sangre salía a borbotones, tiñendo su camisa blanca del rojo oscuro.
En esos momentos mi mente despertó y corrí hacia la puerta.
Un cuerpo inerte y desnudo, alrededor de un charco de sangre, estaba  tirado sobre la alfombra de la entrada. Me acerqué hacia él y en cuánto distinguí su rostro, caí de rodillas y mis lágrimas me nublaron la vista. Cogí su cuerpo entre mis brazos, mientras las lágrimas y el llanto me cortaban la respiración y su sangre manchaba mi cuerpo.
Mi campo de visión se fue llenando de pequeños puntos negros y unos segundos después, me desmayé. Aún abrazada a su cuerpo frío e inerte.
Ni siquiera fui capaz de percibir a la chica rubia con la mirada perdida y asustada y las manos llenas de sangre que estaba cerca de la entrada.


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Buzzys
Arwenundomiel